PAREJA DE MEDICOS PLATENSES EN CUARENTENA POR EL CORONAVIRUS AUNQUE SIN SINTOMAS

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Eduardo Ferraresi y su esposa Diana, ambos médicos oriundos de La Plata, se encuentran cumpliendo cuarentena en su casa de la capital bonaerense debido al coronavirus, tras regresar del «crucero fantasma» que amarró en Camboya. El hombre relató que, cuando retornó a la Argentina, «solo me esperaba mi hijo». Y que recién luego de cuatro días recibió la orden de iniciar la cuarentena. «Dijeron que había violado el aislamiento, ¡una mentira total!», comentó Ferraresi.

Después de peregrinar con la embarcación de la empresa Westerland -rechazada en varios puertos asiáticos-, el hombre llegó el sábado 15 de febrero a Ezeiza en un avión que había hecho escala en Qatar y San Pablo.

«En Ezeiza no pasó nada. Me estaba esperando mi hijo. Nos subimos al auto. Y nos fuimos a un cumpleaños familiar», comentó Ferraresi, que dijo que tanto en Camboya como en Qatar hubo comitivas de diversos países recibiendo y controlando a sus pasajeros.

«Hubo diplomáticos de Estados Unidos, Australia, España, chequeando a la gente. De Argentina, no hubo nadie», expresó en diálogo con TN.

Luego de tres días de reuniones con sus seres cercanos y de iniciar la semana laboral el martes en la Ciudad de Buenos Aires, recibió un llamado desde La Plata. «Estaba trabajando y se comunicaron de la Secretaría de Salud de La Plata, para avisarme que tenía que estar aislado. No sé cómo se enteraron», dijo Ferraresi.

«Lo peor de esto es que llamaron al hospital del que estoy jubilado hace dos años y dijeron que un médico había violado el aislamiento. ¡Una mentira total!, porque cuando me dijeron que me tenía que aislar, me aislé. Como habían metido la pata, la querían cubrir de alguna manera», agregó, además de remarcar que, hasta el momento, no hubo contacto físico con personal municipal y que todas las conversaciones fueron telefónicas.

Y se preguntó: «Me dijeron que mi mujer y yo teníamos que estar aislados. ¿Y si mi mujer estaba infectada y yo no? ¿O si yo estoy infectado y mi mujer no? Estamos encerrados, no podemos recibir a nadie. Y nadie viene a controlarnos».

De todas maneras, señaló que esta semana podría culminar la cuarentena: «En teoría, el jueves vienen y nos controlan. Si está todo bien, nos dan el alta».

 

La odisea del Tren Fantasma

El hombre también repasó cómo sus planes de vacaciones se convirtieron en la estadía en un crucero rechazado por media docena de países y que navegó casi sin rumbo. Y en el que una pasajera fue diagnosticada con coronavirus en un control en Kuala Lumpur, Malasia.

Todo comenzó a complicarse cuando debían partir de Hong Kong. «Como ya estaba dando vueltas lo del coronavirus, el capitán no dejó subir al barco a aquellos que hubieran estado en los últimos 14 días en China, salvo Hong Kong y otra ciudad», inició su relato.

Tenía que desembarcar en Manila. Pero le prohibieron la entrada. En Taiwán iban a pasar dos días. El primero, pudieron bajar de la embarcación. Al segundo día, le revocaron el permiso.

«El capitán dijo que Shanghai se suspendía y que todo iba a terminar en Tokio», acotó Eduardo, que entonces sacó pasajes para volar de la capital japonesa a Buenos Aires. Los planes volvieron a complicarse: «Tocamos una isla pequeña de Japón. Y ahí le dijeron al capitán que no tenía entrada en Japón ni en Corea del Sur».

Mientras tanto, se realizaban controles a los pasajeros dentro del crucero. Además, cada turista debía firmar una declaración jurada indicando si habían manifestado algunos de los síntomas asociados al nuevo coronavirus:  «Nos tomaban la temperatura. Algunos declararon síntomas; los evaluaron y todos estaban libres de virus».

Después de ser rechazado por Japón y Corea del Sur, el barco se dirigió a Bangkok, en Tailandia. Desde allí estaba programado el nuevo vuelo de retorno a la Argentina. «Estábamos en dirección a la ciudad y un barco se acercó. Estuvimos detenidos como una hora y media. No le permitieron entrar. Y el barco volvió atrás».

En Camboya, los recibió una comitiva oficial, liderada por el primer ministro. «Nos dio la mano a los noventa y pico pasajeros que bajamos, nos regalaron una corona de flores y nos llevaron al aeropuerto internacional». De ahí, a Qatar. De Qatar, a San Pablo. Y de San Pablo, a Buenos Aires.

«Ahora, todavía me estoy peleando para conseguir un certificado para presentar en el trabajo», dijo el hombre este lunes, entre risas.

«De todas maneras, la gente de La Plata se portó bien. Pero con errores», concluyó su relato, desde su casa en La Plata.

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